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miércoles, 21 de marzo de 2012

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 No queda más compañia que ese mugriente paquete de tabaco y esa botella medio vacía de vodka. Hace semanas que no hay más aire que el que entra por las rendijas de mi ventana ya torcida y por si fuera poco está casi tan contaminado como los pulmones de mi inerte cuerpo. No hay más risas que la de los chiquillos que se disfrazan de libertad y tratan de jugar a ser felices, pero cielo, a decir verdad, a mi ya todo me da igual. Hace bastante que he perdido la cuenta de las veces que me he cosido las heridas, pero será insuficiente tal vez, pues vuelven a sangrar cada vez que en un momento de desliz te vuelvo a recordar. El mismo tiempo hace que sigo con esa estúpida manía de hacer la cena para dos y es que de veras, no me acostumbro a tener que comer sola. Por no hablar de la hora de ir a dormir, momento crucial, pues me da pánico apagar la luz y regozijarme en las sábanas tan frias e insistentes desde tu partida. Quizás ha llegado el momento de subirme sobre esos tacones que tanto te gustaban y buscar chico de repuesto, al menos hasta que pierda el miedo de volver a dormir sin el calor de tu abrazo muerto... 

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